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Graciela García escribe sobre "Leones y Ciervos"

Actualizado: feb 10

“A mí el Art Brut me interesa exclusivamente como repertorio de formas” decía Annette Messager, gran admiradora de las creaciones realizadas en los márgenes del Arte reconocido institucionalmente. De este modo la artista francesa ponía el foco en su fuerza plástica y se desmarcaba de la mirada idealizadora y algo colonialista que a veces arrojan “los que saben” sobre las obras de “los que supuestamente no saben”.

Contemplando las obras realizadas en la Fundación Down Madrid bajo la guía de Cristina Artés me viene a la cabeza esta frase y la propia obra de Messager, en particular sus vestidos para pájaros, que comparten con las piezas textiles de Leones y ciervos una deliciosa fragilidad.


En la muestra de Leones y Ciervos es tan importante la libertad de ejecución y el talento expresivo de los creadores como la mirada sensible de Cristina Artés que sabe elevar las piezas a la categoría de reliquias, reuniéndolas en composiciones donde los objetos establecen entre sí un diálogo de vibrante inestabilidad. Asistimos a algo así como una feliz comunión entre lo crudo y lo cocido. Por un lado, la fuerza expresiva sin filtros y por otro, la mirada entrenada en reconocer la belleza y dignificarla.


Annette Messager también reflexiona sobre el afán de atrapar lo inefable que sienten algunos artistas, ella habla en concreto de los fotógrafos “Ahora veo definitivamente que la taxidermia y la fotografía se basan en los mismos motivos. La taxidermia consiste en fijar el vuelo de un pájaro o congelar la posición de un león devorando a su presa. La fotografía detiene el movimiento de la misma forma, fija la vida, la congela".


Como artista “taxidermista” Cristina Artés trata de capturar un acontecimiento vivo e inexplicable. En este caso, comienza por invitar a los participantes del taller a trabajar con la mitología propia para después fijar juntos un instante del proceso de creación. La huella de dicho acto es una colección de retazos, una miscelánea disparatada y al mismo tiempo ordenada, que nos llega extraordinariamente viva.


A medida que tenían lugar las sesiones la artista podía ver que unas personas conectaban con mitos aspiracionales como la confección de los trajes de la reina o la creación de anillos de poder, mientras que otras se sentían atraídas por su realidad más inmediata: por el perro Django y su pienso, por el plato de albóndigas o por las combinaciones para poner la mesa. Todo era susceptible de convertirse en un símbolo personal gracias al acto de observar lo que la mente va seleccionando en nuestro devenir cotidiano y transformarlo en un objeto artístico.


A menudo, los talleres de arte de cariz ocupacional se centran en objetivos más relacionados con la interacción grupal que con el desarrollo del potencial creativo individual, que puede quedar inexplorado.

Compartir espacio creativo con un artista en residencia supone para todos un cambio de paradigma. En particular para los usuarios se abre una ventana de exploración de algunos temas recurrentes que suelen ser evitados. El arte surge entonces como un canal de comunicación que permite llevar un contenido mental de dentro hacia fuera y transformar una idea fija en un ente corpóreo, que podemos observar y compartir.


En este sentido, el taller de Cristina Artés ha sido un espacio de experimentación, un lugar donde ha podido producirse esa alquimia entre persona, proceso y materiales en la que estriba el poder transformador del arte.


Graciela García

Dicembre, 2019

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